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Estar bien cuando no estás nada bien

A mis 18 años sucedió por primera vez. 

Me levanté una mañana de verano con una sensación un poco rara, pero no le di importancia. 

Al día siguiente mi novio empezaba sus vacaciones e íbamos a pasar una semana juntos por ahí, así que estaba emocionada. 

A lo largo del día, la sensación rara de la mañana fue empeorando y la cabeza se me iba para todos lados. Me costaba fijar la vista y sentía la necesidad de tumbarme todo el rato. 

Me llevaron a urgencias y recuerdo al médico diciéndome que le describiese cómo era el mareo. 

¿Cómo describes un mareo?

No es que te den vueltas las cosas o las des tú. Al menos no es la sensación que yo tengo. Es mareo y punto.

Tras no sé cuantas horas en el hospital, me diagnosticaron vértigo, me dieron unas pastillas y para casa a tumbarme. 

Las vacaciones de mi novio me las pasé enteramente durmiendo; aquellas pastillas solo me dejaban despertar para comer y me volvía a quedar frita. 

Creí que nunca más tendría que vivir aquella movida.

Hoy, 14 años después, esas pastillas me hacen el mismo efecto que un caramelo. 

Lo curioso del vértigo es que no duele ni te pasa nada aparentemente, pero puedes hacer 0 con tu vida. 

Te tumbas, parece que estás bien, te levantas y todo se reinicia. 

Con aquel primer vértigo vino también el tinitus, que al principio era un pitido constante en el oído, pero ahora se ha convertido en una auténtica orquesta sinfónica. 

Sin duda, lo que más echo de menos en la vida es escuchar silencio. 

Pero bueno, mi cerebro ha aprendido a ignorarlos bastante bien, así que me autoengaño y soy capaz de fingir que no están. 

Lo mismo con el vértigo, puedo fingir que no está. 

Hasta que aparece, como hoy. Sin razón aparente, con un pequeño aviso el día anterior que ahora sé identificar, pero que siempre me convenzo de que son imaginaciones mías. 

Siempre pienso que me lo imagino todo, pero entonces intento hacer vida normal y me siento morir un poco.

Al menos no duele. Eso me repito.

Pero cuando llevas dos semanas mareada, como me suele pasar, el no dolor deja de ser un consuelo y por mucho que quieras animarte, lo único que puedes es maldecir a la vida. 

¿Y por qué te estoy contando esta miseria? 

Por dos razones: 

  1. Si sabes de una cura, toma mi dinero. Ya.
  2. Porque como sé que no tengo cura, he reflexionado mucho en la mejor forma de llevarlo. 

El mundo está lleno de consejos para mejorar tu vida y todo eso, pero muy pocos de cómo llevar bien las enfermedades. 

Sobre todo las que sabes que van a estar ahí para siempre. Hagas lo que hagas.

¡Ojo! No me he rendido, seguiré buscando curas, pero mientras tanto, ¿qué?

La verdad es que este tema me genera más preguntas que respuestas. 

Hoy te escribo esto desde el mareo, pero es el primer día, aún no me ha minado la moral y aún pienso que mañana me levantaré estando bien. 

Basándome en mi experiencia, si trato de escribir esto dentro de unos días, probablemente el tono sería un poco diferente. 

La cuestión es que he creado una serie de patrones para tratar de sobrellevar estas movidas: 

  1. Trato de tener todo hecho mucho antes de la fecha porque siempre cabe la posibilidad de que me ponga mala y no pueda hacerlo. El tratar de adelantarme a todo a veces me genera mucho estrés, lo cual no ayuda. 
  2. Cuando tengo episodios, trato de entretenerme. Pero llega el punto en el que todo lo que puedes hacer tumbada y sin una pantalla muy cerca de la cara, aburre. Así que… 
  3. Mezclo periodos cortos de actividad con descansos
  4. Me planteo pequeñas tareas de 5 minutos para mantener mi entorno lo más cómodo posible. 
  5. Combino meditación, infusiones relajantes y, si puedo, algo de yoga que me permite desatrofiar un poco el cuerpo. 
  6. Trato de dormir todo lo que puedo. 
  7. Hago chistes. En serio, hay que hacer más chistes. La vida es mejor con humor. Eso sí, no hagas chistes en la consulta del médico, porque entonces piensan que no te pasa nada. Te lo digo por experiencia, que estuve horas en un silla de una sala de espera con una apendicitis. Pero eso es otra historia.

Todas estas cosas tan lógicas y simples, he tardado bastante tiempo en descubrirlas. 

A base de prueba y error fui viendo qué me iba bien y que no. Y la mayoría es que no. 

No sé, quizás esta serie de pautas no sirvan para todo ni para todos, pero por si a alguien le vale con sus dolencias, ahí lo dejo. 

Lo que sí me gustaría es conocer las experiencias de más personas. ¿Cómo se hace para estar bien cuando no estás nada bien? ¿Tienes algún truco, consejo o recomendación?


Si aún no lo has hecho:



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