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Por qué no hacemos lo que tenemos que hacer

La primera vez que escuché la palabreja fue a los 20 años. Hasta entonces yo le había llamado pereza a eso de dejar las cosas para luego. 

Resulta que se llamaba procrastinar.

Y aunque no es de mis mayores males, de vez en cuando sí que aplazo tareas. 

Lo curioso de dejar las tareas para luego es que siempre las hacemos en el último momento. Y claro, los gurús de la productividad nos dicen que le pongamos una fecha a las cosas y listo. 

Pero nuestro cerebro no es tonto.

Es difícil engañarse a uno mismo. 

Si sé que no tengo que entregar algo el viernes, por mucho que me ponga de plazo el martes para terminarlo, sigo teniendo en mente el viernes y puedo retrasarlo hasta entonces. 

Y ya no digamos las cosas que no tienen un plazo concreto. 

Las mayores trampas me las hago ahí.

«¡Uy! Estoy muy cansada hoy para hacer algo de ejercicio, mejor mañana». 

Y así hasta el infinito. 

Y, ¿por qué nos hacemos la zancadilla de esta manera?

Según Tim Pychyl, profesor asociado en el Departamento de Psicología de la Universidad de Carleton y autor de Solving the Procrastination Puzzle, define la procrastinación como «una reacción emocional puramente visceral a algo que no queremos hacer». 

Cuanto mayor sea la aversión emocional a una tarea, más probable es que pospongamos las cosas. Y esta aversión puede tener muchas fuentes.



Por qué procrastinamos

Para completar una tarea pasamos por 4 fases: inicio, planificación, acción y finalización. Necesitamos decidir comenzar, decidir cómo completaremos la tarea, ejecutar los pasos necesarios y definir cuándo se realiza el trabajo.

Tenemos 8 desencadenantes de la procrastinación que se pueden dar en varias de estas fases o en todas:

  • Aburrido. A veces, una tarea simplemente no es lo suficientemente estimulante y nos aburrimos solo de pensar en trabajar en ella. La idea del aburrimiento es un disparador de procrastinación extremadamente fuerte, que puede impedirnos incluso comenzar una tarea.
  • Frustrante. Si percibimos frustración podemos generar aversión a la tarea. Las tareas frustrantes a menudo están relacionadas con la falta de control y un sentimiento de impotencia, y a nadie le gusta eso.
  • Difícil. Algunas tareas son más difíciles que otras. Resolver un problema matemático complicado, memorizar una lista de palabras de vocabulario en un idioma extranjero, descubrir cómo usar una nueva herramienta… Cuanto mayor sea el nivel de dificultad, más probable es que pospongamos las cosas para trabajar en tareas más fáciles pero menos importantes.
  • Estresante. Tim Pychyl explica que «el estrés interrumpe el logro de la meta al hacer que una persona procrastine al retrasar el inicio de la meta necesaria». Nuestro estrés podría ser causado por la presión externa, el síndrome del impostor o simplemente por ser propenso a la ansiedad. Sea cual sea su origen, el estrés puede hacer que retrasemos el inicio de una tarea.
  • Ambiguo. Para realizar una tarea, necesitamos tener una idea clara del trabajo que tenemos que hacer. Las instrucciones vagas o la falta de claridad personal sobre lo que está tratando de lograr pueden desencadenar la procrastinación.
  • Desestructurado. Incluso si el objetivo final es claro, es posible que no sepamos exactamente cómo llegar allí. Las tareas ambiguas no dejan claro lo que se debe hacer, mientras que las tareas no estructuradas no dejan claro cómo se debe hacer el trabajo. Es probable que ambas aumenten nuestra aversión hacia la tarea.
  • Poco gratificante. Algunas tareas pueden carecer de recompensas intrínsecas. Por ejemplo, trabajar en un informe largo y no recibir ningún comentario o reconocimiento puede parecer poco gratificante. Tendemos a evitar estas tareas porque no sentimos que obtendremos nada a cambio de nuestro trabajo.
  • Sin sentido. Es más probable que procrastinemos cuando una tarea carece de significado personal. Y eso depende de cada uno, por ejemplo, limpiar tu escritorio puede estar relacionado con tu identidad porque te consideras una persona ordenada y sabes que te hará sentir mejor en el trabajo, mientras que otra persona puede verlo como una tarea sin sentido. La procrastinación puede surgir cuando no encontramos un significado personal en una tarea, lo que puede suceder incluso después de haber comenzado el trabajo.

Es bastante raro encontrar todos estos desencadenantes en una misma tarea, pero a menudo hay una combinación de razones que pueden conducir a la procrastinación.
 

No desesperes: hay formas en que puedes lidiar con estos factores desencadenantes para que puedas hacer el trabajo que deseas hacer.

Cómo manejar los desencadenantes de la procrastinación

La procrastinación, cuando se reconoce y se maneja, no es mala: es una señal de que algo anda mal y necesitas cambiar la forma en que abordas una tarea. 

Hay tres formas sencillas en las que puedes lidiar con los desencadenantes de la procrastinación.

  1. Considerar la fuente de la procrastinación.
    Vale la pena pararnos a pensar por qué procrastinamos. A veces hay tareas que podemos dejar sin hacer o delegarlas sin problema. La matriz de Eisenhower es útil para definir qué tareas son urgentes e importantes, importantes pero no urgentes, urgentes pero no importantes o ni urgentes ni importantes. Solo tenemos que superar la procrastinación personal con las que son urgentes e importantes.
  2. Adaptarse a nuestros niveles de resistencia. Si tenemos tareas inmensas, las podemos hacer más manejables si las dividimos en partes.
    Muy a menudo, la fase de inicio es la más difícil. Solo necesitamos empezar.
    Esto me recuerda a una historia que me contó un amigo de un señor que iba a su gimnasio. El señor llegaba a la puerta todos los días, pero algunos días entraba y otros se daba la vuelta y se iba. Cuando le preguntó por qué hacía esto, el señor dijo que casi nunca le apetecía ir al gimnasio, pero se obligaba a vestirse y a salir. Si cuando llegaba a la puerta del gimnasio seguía sin ganas, se volvía a casa, pero la mayoría de las veces, al llegar allí, la pereza ya se había disipado.
  3. Invertir los factores desencadenantes de la procrastinación. Cada desencadenante de procrastinación se puede revertir para dejar de procrastinar. Si una tarea es aburrida, trata de hacerla más divertida; si una tarea es difícil, busca a alguien que te eche una mano; si una tarea no es gratificante, date un capricho después de completarla. También puedes dedicar un poco de tiempo a definir un objetivo específico y un plan detallado para tareas ambiguas o no estructuradas. Harás que sea mucho más fácil continuar.


Una vez más, la procrastinación en sí misma no es mala. Es un síntoma que necesita ser entendido y abordado. Aplicando una de estas tres estrategias simples podemos avanzar.


Si aún no lo has hecho:



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