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PRECRASTINAR O POR QUÉ HACEMOS LAS COSAS ANTES

Hace un buen rato que iba a comenzar a escribir esto.

Encendí el ordenador con intención de ponerme a ello, pero nada más encenderlo vi que tenía un correo importante. 

Una periodista me estaba pidiendo unas fotos para una entrevista a la que había contestado ayer. Como no tenía ni idea de la prisa que corrían esas fotos, se las mandé. 

Y entonces vi debajo otro correo. 

Lo abrí y lo leí. 

Esto me llevó a otra tarea. 

Que me llevó a otra.

Y de repente estaba leyendo un artículo interesante. 

Y cuando me he dado cuenta, había pasado una hora y media y aún no había abierto siquiera el documento donde empiezo a escribir estas líneas antes de enviarlas.

Seguro que esto te suena. Te habrá pasado más de una vez y se llama precrastinación.

Si, precrastinación. 

Que cuando me propuso este tema un lector, inconscientemente lo leí mal.

Vamos al lío.



¿Qué es la Precrastinación?

Ya hemos hablado de la procrastinación, la tentación de posponer algo para más tarde aunque signifique más trabajo y estrés a largo plazo. 

Y aunque la procrastinación puede ser un problema importante para nosotros y la causa de mucho sufrimiento y pérdida de productividad, lo opuesto a la procrastinación, la precrastinación, puede ser igual de dañino.

La precrastinación fue acuñada por el profesor de psicología David Rosenbaum en un estudio que publicó en 2014. La definió así:

La precrastinación es una tendencia a trabajar en las tareas lo antes posible, incluso si significa más trabajo o tiene costos adicionales.

David Rosenbaum

Mientras que el procrastinador retrasa demasiado las tareas importantes, el precrastinador no retrasa lo suficiente las tareas sin importancia.

Y yo soy más de pre que de pro. 

En parte porque siempre pienso que no me va a dar tiempo a hacer las cosas o porque nunca sé cómo se va a presentar el día siguiente.

Algunos ejemplos de precrastinación

Verás que es mucho más común de lo que piensas. 

  • Compras ineficientes. Mientras marcas los artículos de la lista de la compra, coges la leche tan pronto la ves, aunque puedas cogerla fácilmente al final y ahorrarte el esfuerzo de cargar con ella mientras compras todo lo demás.

  • Listas de tareas pendientes mal priorizadas. A primera hora de la mañana, abordas los muchos elementos pequeños en tu lista de tareas pendientes porque son los primeros en la lista y te sientes bien al marcar cosas como completadas. Has desperdiciado tu mejor energía y el tiempo más tranquilo en las tareas menos importantes. Ahora debes completar tus tareas más grandes e importantes por la tarde cuando tienes menos energía y concentración y más distracciones.

  • Interrumpir en las conversaciones. En medio de una conversación importante, se te ocurre una gran idea. Como te preocupa olvidarlo, interrumpes y explicas tu idea.

Ves que no es algo tan raro y que hacemos todos de una manera u otra.


¿Qué causa la precrastinación?

Irónicamente, la causa última de la precrastinación es la misma que la de la procrastinación: el alivio de una emoción dolorosa.

Si prestas mucha atención, la necesidad de posponer las cosas siempre va acompañada de una emoción fuerte e incómoda. A veces es ansiedad, a veces es aburrimiento, etc. 

Pero sea cual sea ese sentimiento, no nos gusta. 

Y posponer nuestro trabajo para más tarde es una buena manera de hacer que esa emoción incómoda se disipe temporalmente o desaparezca por completo. 

En otras palabras, cuando posponemos las cosas, estamos tomando una decisión basada en lo que nos hace sentir bien en el momento en lugar de lo que es mejor para nuestro interés general a largo plazo.

En la precrastinación ocurre un proceso casi idéntico.

Si te fijas en mi ejemplo, respondí al correo por miedo a que si tardaba, no saliese el artículo publicado. Y eso hizo que retrasara lo que iba a hacer.

Ahora mismo son las 7 de la tarde (spoiler: no escribo esto los domingos a la mañana, normalmente), y estoy aquí sentada escribiendo cuando mi plan era ir a dar un paseo.

Adiós paseo. Directa a la cena.

Al igual que en la procrastinación, la precrastinación implica tomar una decisión basada en lo que se siente bien en el momento en lugar de lo que es mejor para nuestro interés a largo plazo.

La causa de la precrastinación, entonces, es la toma de decisiones a corto plazo, impulsada por las emociones, que se produce a expensas de nuestros valores e ideales a largo plazo.

Otras causas de precrastinación

A parte de esto, hay alguna cosilla más que nos hace precrastinar:

  • Satisfacción fácil. Tendemos a obtener una respuesta de placer más fuerte al realizar tareas pequeñas y fáciles de lograr que las más importantes pero ambiguas. En otras palabras, marcar las pequeñas cosas en nuestra lista de tareas pendientes nos da una satisfacción inmediata.

  • Instinto de supervivencia. Durante la mayor parte de nuestra historia como especie, buscar la comida fácil y al alcance de la mano en la vida probablemente tenía más sentido que posponer las cosas para obtener una recompensa a largo plazo.
    Y debido a que nuestros cerebros pasaron cientos de miles de años evolucionando bajo esas circunstancias y solo han tenido un par de cientos de años bajo las circunstancias relativamente seguras de la vida moderna, posponer las pequeñas cosas fáciles va contra la corriente biológica.

  • Gestión del tiempo vs. Gestión de la energía. A la mayoría de nosotros se nos enseña a pensar en el trabajo y la productividad en términos de administrar bien nuestro tiempo. Si solo tienes una hora para terminar un examen, tiene sentido comenzar con las preguntas fáciles y luego avanzar.
    Pero en el complejo mundo del trabajo serio, la estrategia más inteligente suele ser administrar tu energía, no tu tiempo. Por jemplo, yo trabajo al menos el doble de bien a primera hora de la mañana que por la tarde, lo que significa que debo priorizar mi trabajo más importante por la mañana cuando tengo más energía.

  • Perfeccionismo y proactividad. Las personas atentas y trabajadoras sufren más de precrastinación que de procrastinación. Si tratamos de hacer las cosas bien, es fácil comenzar a hacer tareas sin pararse a pensar si algunas de esas tareas valen nuestro esfuerzo y tiempo tanto como otras. Así que, lo que a priori es un buen rasgo, puede convertirse en problemático.

Pero la cuestión es…


Cómo dejar de precrastinar y trabajar de manera más inteligente

Como siempre, no hay fórmulas mágicas, pero esto puede ayudar.

Fíjate en cómo trabajas

Es difícil dejar de hacer algo si no eres consciente de que lo estás haciendo. 

Al principio, incluso antes de que empieces a tratar de cambiar algo, te recomiendo simplemente hacer un seguimiento y tomar notas sobre dónde tiende a aparecer la precrastinación en tu vida: 

 ¿Ocurre principalmente en el trabajo? ¿Y tiende a suceder en ciertos tipos de proyectos o cuando se trabaja con ciertas personas? ¿O tiende a aparecer más en tu vida personal? ¿Tal vez cuando se trata de las tareas de casa, por ejemplo?

Una vez identificado por qué y cuando precrastinamos, será más fácil abordarlo.

Practica la tolerancia emocional

La precrastinación, en última instancia, es una emoción.

Ya sea esperando el pequeño golpe de satisfacción después de tachar un elemento de la lista de tareas pendientes o el alivio de una gran ansiedad, la precrastinación siempre tiene que ver con la emoción.

Esto significa que superar la precrastinación siempre implica superar una emoción difícil. Y la mejor manera de hacerlo es trabajar lenta pero sistemáticamente para aumentar nuestra tolerancia emocional.

Cuando vamos al gimnasio por primera vez, nuestra forma física suele ser bastante regulera, pero a base de entrenar y practicar, va mejorando. 

Nuestra capacidad para tolerar emociones difíciles funciona de la misma manera. 

Cuanto más practiquemos enfrentar nuestras emociones negativas y dejarlas ser, más fácil será vivir con ellas en el futuro. 

El problema es que la mayoría de nosotros tenemos el hábito de intentar eliminar o escapar de las emociones dolorosas. Lo que significa que nunca tenemos la oportunidad de desarrollar tolerancia hacia ellas.

Cuando notes la necesidad de precrastinar, haz una breve pausa. 

Luego pregúntate: ¿Qué emoción estoy sintiendo en este momento

Después de etiquetar la emoción, enfréntate al desafío de sentarte con esa emoción incómoda durante un minuto sin hacer nada y ver qué sucede.

A medida que practiques esto, aumenta progresivamente la duración de tu pausa. 

En un período de tiempo relativamente corto, verás que tu tolerancia emocional habrá aumentado considerablemente y, con ella, tu capacidad para luchar contra la precrastinación.

Empieza mejorando en una pequeña área de precrastinación

Podría decirse que la causa más común de fracaso en cualquier nuevo esfuerzo o cambio de hábito es intentar abarcar más de lo que podemos. 

Lo típico de ir al gimnasio a tope la primera semana y luego adiós. 

Suele ser mejor comenzar con un objetivo más modesto y solo avanzar una vez que hayamos dominado ese primer nivel.

Así que, para trabajar la precrastinación, elige un área de tu vida en la que precrastines de una manera pequeña o mediana y empieza por ahí. Después puedes pasar a cosas más difíciles.


Si aún no lo has hecho:



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