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Aquí se supone que va una frase motivadora, pero Mr. Wonderful ya ha hecho bastante daño

La de la foto soy yo, Lorena. La que escribe por aquí para ordenar mis ideas.

También desordenarlas para darle un orden mejor.

Si me lees, igual te pasa esto, o igual no.

Pero yo qué sé. 

Soy de esa generación a la que le prometieron una buena vida si hacía las cosas bien. Entonces las hice. 

Habría que ser tonto para no querer vivir bien.

Y entonces, cuando se suponía que empezarían a llegar poco a poco las recompensas, llegaron las putaditas.

  • Hay crisis, no hay trabajo. 
  • Hay trabajo, pero es un asco y te quieres morir cada vez que suena el despertador. 
  • Te cambia el metabolismo y ya no te puedes acercar al chocolate. 
  • La gente se ha ido a vivir a tomar por saco por el punto 1 y 2. 
  • Después de andar de aquí para allá, parece que no encajas en ningún lado. 
  • Y encima te duele la espalda de estar frente al ordenador y el dedo meñique a saber por qué. 

Pero, ¡eh! A mí me enseñaron a responsabilizarme de las cosas y me creí el discurso de que todo dependía de mí. 

Así que con un poco de esfuerzo tendría un trabajo mejor, una salud mejor, unas relaciones mejores y entendería qué demonios le pasa al mundo.

De nuevo haces todo lo que hay que hacer.

Como recompensa te llevas estrés y poco. 

¿No habrá otra forma de hacer las cosas? ¿De vivir mejor?

Pues en esas estamos.

En desarrollar el pensamiento crítico. En reflexionar y explorar.

¿Para qué?

Para estar más tranquila y mejor.

Eso es todo. 

Que no es poco. 

Y lo cuento en un canal de Telegram:

O si lo prefieres por email:

¿Aún sigues aquí?

Pues a ver que más te cuento.

  • Me dedico al marketing sostenible y a la comunicación para negocios con valores. Que el mundo ya se nos está quedando bastante feo con tanta multinacional sin escrúpulos.
  • Tengo un acusado síndrome del explorador. Esta web es resultado de eso.
  • No me gusta perder el tiempo ni hacérselo perder a nadie. Por eso soy puntual y resumo mucho mis ideas.
  • Tengo una lucha constante por intentar crear hábitos y mantenerlos. Estoy aprendiendo a no mortificarme por no hacerlo.
  • Estuve un año sin comprar cosas y después estuve un mes deshaciéndome de las que me sobraban. Lo cuento aquí.
  • El confinamiento me lo pasé meditando en un cojín.
  • Empecé a invertir con 12 años. A nombre de mi madre porque sino era ilegal.
  • Me resulta más sencillo enfrentarme a una página en blanco que decir «hola» a un desconocido.
  • Odio llamar por teléfono.
  • Pienso que la vida sin chocolate es menos vida.

Y las ideas a las que me expongo y exploro, te las cuento donde te dije: