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TODOS SOMOS UN FRAUDE

Hace unas semanas una lectora me propuso un tema: la ​​improductividad que te produce a veces tu propia inseguridad y el bucle que va después. 

He estado dándole vueltas a esto. 

Cabe decir que quizás me esté equivocando en mi interpretación y que lo que vaya a contar a continuación no tenga nada que ver con lo que a ella se le estaba pasando por la cabeza. 

Pero para mí esto tiene mucho que ver con el dichoso síndrome del impostor. 

En mi caso, me dedico a algo totalmente diferente a lo que he estudiado. He aprendido por mi cuenta.

Esta es una de las razones por las que siempre he sentido que no tenía ni idea de nada y han tenido que convencerme los demás de que sí sabía. Que sí valía. 

Pensé que con el tiempo, a medida que aprendiese más, se me iría pasando. ¡Sorpresa! Es al revés. Cuanto más sé, más pienso que no sé nada. 

Pero este es otro tema. 

El que nos atañe.

El síndrome del impostor es real y ha sido bien documentado. 

Es un patrón psicológico en el que las personas dudan de sus logros. A pesar de la evidencia externa de su competencia, las personas que experimentan el síndrome del impostor seguirán convencidas de que no merecen su éxito, atribuyéndolo a la suerte o pensando que de alguna manera han engañado a otros haciéndoles creer que son más inteligentes de lo que realmente son.

Los 5 tipos de síndrome del impostor

La mayoría de los primeros estudios sobre el síndrome del impostor se han centrado en mujeres de alto rendimiento, pero la investigación muestra que puede afectar a hombres y a mujeres por igual. 

La Dra. Valerie Young, considerada hoy en día la principal experta en el síndrome del impostor, ha identificado cinco categorías principales de impostores autodefinidos:

  • El perfeccionista. Muchas personas que padecen el síndrome del impostor son perfeccionistas. Los perfeccionistas se fijan metas muy altas. Cuando no logran alcanzar sus objetivos, experimentan dudas poco saludables sobre sí mismos.

     
  • El genio natural. A estas personas a menudo se les decía que eran inteligentes desde pequeñas. Están acostumbradas a desempeñarse bien con relativa facilidad. Por esto, establecieron su estándar interno para el éxito muy alto. Y cuando no pueden hacer algo rápida y fácilmente, se ponen ansiosos. En un entorno exigente con un trabajo complejo y desafiante, las personas que pertenecen a la categoría de genio natural son propensas a experimentar el síndrome del impostor.

  • El solista. Ser independiente puede ser algo bueno, pero los solistas lo llevan demasiado lejos. Ven el pedir ayuda como una debilidad y tratan de hacer todo por su cuenta. Temen que hacer una pregunta a un colega pueda revelar el hecho de que no están a la altura del trabajo.

  • El super(mujer)hombre. Las personas en esta categoría tenderán a trabajar más duro que los demás en un intento de ocultar lo que creen que es un nivel más bajo de competencia. Trabajarán más horas sin decírselo a sus colegas, aceptarán cualquier proyecto que se les presente, lucharán durante el tiempo de inactividad y, a menudo, sacrificarán sus pasatiempos para hacer más en el trabajo.

  • El experto. Finalmente, los expertos son personas que miden su competencia en función de cuánto saben. Los expertos creen que no saben lo suficiente, y que nunca sabrán lo suficiente, y temen ser expuestos como ignorantes o sin experiencia. Algunos pueden buscar constantemente formaciones o certificaciones para compensar su aparente falta de conocimiento, o tratan de recopilar la mayor cantidad de información posible para empezar un proyecto, lo que puede conducir a la postergación.

Yo creo que en mi caso tiene mucho que ver con el perfil de solista. 

En cualquier caso, en muchas ocasiones he dejado de hacer alguna cosa por considerar que no estoy capacitada para ella. Y entonces, tal y como describe la lectora, te puedes sumergir en el bucle de «no lo hago porque no sé, y entonces me crea más inseguridad» y esto se puede retroalimentar de forma peligrosa.

Pero como todo, se puede lidiar con ello.

Cómo lidiar con el síndrome del impostor

No existe una receta mágica para vencer el síndrome del impostor, pero hay algunas estrategias que podemos aplicar para manejar mejor la ansiedad y comenzar a aceptar que pertenecemos al grupo de personas válidas.

  • Mirarnos como un trabajo en progreso y aceptar que crecer como persona implica cometer errores. 
  • No tratar de ser un experto en todo y adquirir habilidades relevantes cuando sea necesario. 
  • Darse cuenta de que pedir ayuda no es vergonzoso.
  • Practicar la validación interna en lugar de buscar una validación externa.
  • Celebrar nuestros logros. 
  • Ver el fracaso como parte de un experimento más grande como cualquier científico. 

Todas estas ideas están desarrolladas en…

El síndrome del impostor 

Y te recuerdo algo…

Los verdaderos impostores no sufren el síndrome del impostor

Esto se debe al efecto Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo en el que las personas creen que su capacidad cognitiva es mayor de lo que es. Básicamente es ser ignorante de tu propia ignorancia.

En resumen, aquellos que son incompetentes, a falta de un término mejor, deberían tener poca idea de su incompetencia, una afirmación que se conoce como el efecto Dunning-Kruger.

David Dunning, psicólogo social y profesor de psicología.

No se sienten en absoluto como fraudes, sienten que saben exactamente lo que están haciendo y cómo es posible que otras personas no sepan lo que están haciendo. Pero resulta que no saben lo suficiente como para saber lo poco que saben.

Jessica Collett, profesora de Sociología.

Hay evidencia que sugiere que el síndrome del impostor se correlaciona con el éxito y que los altos niveles de confianza en uno mismo pueden no estar correlacionados con las habilidades reales.

Así que si sufres el síndrome del impostor, al menos sabes que estás en buena compañía.


Si aún no lo has hecho:



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